Liderazgo para el aprendizaje: el desafío de equilibrar control y confianza
La institución escolar no solo transmite conocimientos: construye identidades, promueve autonomía y genera confianza.
Así lo plantea Claudia Romero en su obra Liderazgo educativo para mejorar las escuelas (2025), donde enfatiza que uno de los compromisos esenciales de toda escuela es la producción de confianza.
En este contexto, el liderazgo para el aprendizaje enfrenta un dilema central: ¿cómo equilibrar los sistemas de monitoreo y control con una cultura profesional basada en la confianza?
El liderazgo escolar contemporáneo no puede limitarse a la supervisión técnica. Debe crear condiciones organizacionales donde docentes y equipos directivos se sientan seguros para innovar, colaborar y aprender.
“Sin confianza no hay influencia, y sin influencia no hay aprendizaje. El liderazgo escolar hoy exige comprender que la confianza no es un complemento del control, sino su condición de posibilidad”, explica Víctor Berríos, director del Magíster en Liderazgo Escolar para el Aprendizaje de la Universidad San Sebastián.
¿Por qué la confianza es clave en el liderazgo educativo?
Diversos marcos internacionales, como el Marco para la Buena Dirección y el Liderazgo Escolar del MINEDUC, definen el liderazgo como la capacidad de movilizar e influenciar a otros para lograr metas compartidas.
Pero la influencia no se impone: se construye.
La desconfianza en los equipos educativos genera:
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Sobrecarga cognitiva
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Conversaciones defensivas
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Resistencia al cambio
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Disminución de la creatividad
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Dificultad para resolver problemas
Tal como advierte Tarun Khanna, la desconfianza funciona como “arena en las ruedas de la vida organizacional”: ralentiza procesos, consume energía y afecta directamente el aprendizaje.
En cambio, cuando existe confianza:
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Se fortalece la colaboración docente
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Aumenta la innovación pedagógica
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Mejora el clima escolar
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Se potencia el liderazgo distribuido
“La confianza es sentirse a gusto en una situación de interdependencia, basada en la convicción de que el otro es competente, honesto y benevolente. Eso se aprende y se gestiona”, señala Berríos.
Del control al liderazgo que moviliza aprendizaje
Un error frecuente en la gestión escolar es creer que fortalecer la confianza implica eliminar el monitoreo. No es así.
El liderazgo efectivo complementa la cultura de control con arquitecturas formales de colaboración profesional, tales como:
Espacios estructurados de reflexión pedagógica
Reuniones con propósito claro, análisis de datos y foco en mejora continua.
Protocolos de conversación profesional
Prácticas que promuevan diálogo honesto, retroalimentación constructiva y resolución de conflictos.
Definiciones compartidas de confianza
Construir acuerdos explícitos sobre qué significa confiar en la escuela.
Porque, como señala Berríos, “nadie puede dar lo que no tiene”. Si esperamos que los estudiantes confíen en sí mismos y en el conocimiento, los equipos directivos deben convertirse en especialistas en confianza.